
La abadía y sus jardines

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En la parte inferior del jardín, en el huerto, conviven las variedades de verduras antiguas y las más modernas o curiosas que han ido llegando de todas partes del mundo con el paso del tiempo. También se creó un gran espacio dedicado a las flores. En él encontramos parterres de plantas aromáticas: perifollo, eneldo, estragón, tomillo etc.., y de plantas medicinales: melisa, amapola, ricino, menta, verbena, etc.. En la Edad Media se empleaban para curar a la población en la enfermería de la abadía.
En el siguiente nivel, el huerto está compuesto por antiguas variedades de frutales de formas variadas. Cabe destacar la diversidad de tamaños de los árboles frutales: líneas horizontales simples o dobles, palmetas oblicuas... En el norte encontramos manzanos de sidra dispuestos en talla completa, y manzanos dulces en el sur, a media altura, así como ciruelos en forma de vaso alternados con líneas de perales organizados en haces. Se han plantado varias decenas de variedades.
La siguiente terraza está reservada a las vides (1500 pies de moscatel de Hamburgo y chasselas) plantadas en 2005, y que irán alcanzando poco a poco todo su tamaño. En este nivel, una sorprendente gnomónica (relojes de sol) captará la atención del visitante. Por último, el nivel superior es un espacio dedicado al placer, con un encantador bosquecillo situado en la parte trasera de una construcción denominada "pabellón de los vientos" que probablemente servía para la meditación de los monjes.

Desde esa terraza descubrimos, en un ángulo de 180°, un inmenso panorama: el valle del Sena, de norte a sur y, en el centro, la flora y fauna específica de esta zona de marismas.
Los distintos trabajos de mantenimiento (talla, tratamientos…) siguen las antiguas técnicas dando prioridad al respeto del medio ambiente y la naturaleza.